LAS SORPRESAS DE HIDROITUANGO

Senadora Sandra Ortiz se pronuncia frente a situación de represa Hidroituango.

“NO vamos a permitir que los culpables de Hidroituango le sigan haciendo daño al país”.

La sorpresa constante NO sorprende. Tristemente para los colombianos esto es lo que está sucediendo con el Proyecto Hidroeléctrico Ituango. Por lo menos son tres las sorpresas amargas de este proyecto en los últimos meses: Primero, su incumplimiento para entregarle al país 1.085 gigavatios-hora al año, a partir de diciembre de 2018, justo en momentos en que se anunciaba por parte de las autoridades nacionales la presencia del fenómeno del niño, segundo, la emergencia ambiental, a inicios de febrero de este año de la que fuimos testigos, con afectación a miles de familias que sobreviven de la economía del rio, por cuenta del cierre de la segunda compuerta de la casa de máquinas y, por último, la decisión de la compañía de participar en la subasta del cargo por confiabilidad el próximo 28 de febrero.

El incumplimiento de entregarle al país energía firme desde 2018: Desde el año 2008, EPM se había comprometido a que, a partir de diciembre de 2018, le entregaría al país 1.085 gigavatios-hora de energía firme, obligación que fue incumplida y por la cual la CREG ya inicio actuaciones administrativas que seguramente van a tardar meses para formalizar las sanciones respectivas. Este compromiso fue adquirido después que un proceso de subasta de cargo por confiabilidad, le garantizo a EPM significativos ingresos futuros. Pero el derrumbe sobre el embalse en mayo de 2018, nos llevó a una segunda “sorpresa”.

La emergencia ambiental: Ante el derrumbe de parte de la montaña en mayo de 2018, Hidroituango tomó la decisión de inundar el cuarto de máquinas a fin de evacuar las aguas del rio Cauca y evitarse una tragedia aún mayor. El resultado: miles de familias desalojadas de sus viviendas, más de 57 mil peces muertos, la afectación al ecosistema y a la permanencia de toda clase de especies endémicas, además de muchos otros daños medio ambientales aún por cuantificar.

Participación en la subasta del cargo por confiabilidad: Por si fueran pocas, las anteriores consideraciones, que tienen en alerta a los diferentes organismos de control del país, al sistema energético colombiano, a las autoridades ambientales y a las comunidades aledañas a las obras, EPM manifestó su intención de competir en la subasta del cargo por confiabilidad el próximo 28 de febrero para asegurar la oferta energética en el país, aun sin conocerse si el proyecto Hidroituango pueda entrar en operación. Es decir, la nueva subasta se abre ante la indisponibilidad de la energía que el proyecto Hidroituango debía producir a partir de 2018 y que con toda seguridad no va a poder generar antes del 2021, y el mismo proyecto que gestó las razones para una nueva subasta de confiabilidad, decide participar con la misma energía de un proyecto que aún tiene en vilo al país y que no tiene disponible. Y lo que es peor, si Hidroituango gana la subasta, se corre el riesgo que EPM incumpla de nuevo con la fecha de entrada en operación y la entrega de una cantidad importante de energía firme al país.

Nadie entiende, cómo sin conocer los verdaderos daños de la casa de máquinas que pueden ser decisivos para la entrada en operación del proyecto; sin conocer los efectos de las decisiones de las autoridades de control sobre el proyecto y tras el incumplimiento de la entrega de la energía firme al país en 2018, se le permite participar en esta subasta, paradójicamente bajo el criterio de confiabilidad del suministro. 

Después de esto, las sorpresas no sorprenderán: en la subasta de 2012 se comprometió a entregar 3.482 gigavatios a partir de 2023, y de llegar a ganar la subasta del 28 de febrero e incumplir con sus obligaciones de entrega de energía firme en 2022, se tendrá que realizar otra subasta para evitar el riesgo de falta de energía. ¿Participara de nuevo? Me temo que sí.

A mediano plazo las lecciones son varias: primero, difícilmente se volverán a construir hidroeléctricas en el país y segundo, se hace un llamado a diversificar la matriz energética de Colombia. Según cálculos de Anif, mientras para 2017, el 30% de la matriz energética del país tenía como fuente la hidroelectricidad, en el mundo este porcentaje era apenas del 7%. (Gráfico 1.)

Considero irresponsable y negligente que se permita que proyectos como Hidroituango puedan participar en nuevas subastas de energía firme del cargo por confiabilidad, habida cuenta de los incumplimientos y riesgos que aún no se conocen, ni se han cuantificado o estimado apropiadamente.

¿Quienes pagan las consecuencias de estos actos? Los de siempre, los consumidores de energía, que tendremos que pagar, eso sí sin duda alguna, mayores precios ante una eventual escasez.

  

 

 

 

 Oficina de Comunicaciones

SANDRA ORTIZ